El universo de los search funds vive un momento de consolidación. Lo que hace apenas una década parecía un fenómeno académico circunscrito a Estados Unidos, se ha convertido en una fórmula de inversión y emprendimiento con presencia global y con capacidad de transformación real sobre el tejido empresarial. Los datos lo confirman: el informe internacional de 2024 elaborado por IESE en colaboración con la Stanford Graduate School of Business registra 320 fondos activos fuera de Estados Unidos y Canadá, con un récord histórico de 59 nuevas constituciones y 31 adquisiciones en tan solo un año. Estas cifras ya no permiten hablar de una moda pasajera, sino de una alternativa madura que plantea oportunidades y desafíos en múltiples jurisdicciones.
La comparación con el mercado norteamericano es obligada. Estados Unidos vio nacer el modelo en los años 80 y lo ha impulsado hasta construir un ecosistema consolidado: inversores especializados, académicos que documentan y analizan casos, y una comunidad de empresarios que reconoce el valor que aporta. Allí, la trayectoria de los search funds ya está ampliamente probada, con cientos de adquisiciones documentadas y una base empírica que permite proyectar retornos con cierta fiabilidad. Sin embargo, el escenario internacional es más joven y heterogéneo, y precisamente por eso resulta tan interesante.
En Europa y Latinoamérica el modelo ha alcanzado un grado de madurez que permite hablar de consolidación, mientras que en África y Asia-Pacífico comienza a abrirse paso con mayor cautela. España y México se han convertido en polos de referencia con 67 y 50 fondos respectivamente, posicionándose como mercados líderes en sus regiones. Pero lo más revelador es el dinamismo de países que hasta hace poco parecían periféricos en esta conversación: Irlanda, Países Bajos, Vietnam o Sudáfrica se sumaron en 2023 a la lista de pioneros. Estos movimientos nos recuerdan que el modelo no es exclusivo de entornos anglosajones, sino que se adapta allí donde exista un mercado de pymes con potencial de profesionalización y crecimiento.
El perfil de los emprendedores, los llamados searchers, también merece atención. Según el informe, el 71% de ellos cuenta con un MBA y la mayoría lanza su fondo en los dos años posteriores a graduarse. La experiencia profesional previa suele estar vinculada a la consultoría estratégica, los servicios financieros o la dirección general. Sin embargo, lo que vemos cada vez con más frecuencia es la irrupción de candidatos con trayectorias menos tradicionales: ingenieros con experiencia en startups, profesionales del sector tecnológico o incluso perfiles procedentes de industrias familiares. A nuestro juicio, este cambio refleja una democratización del modelo. Lo que en un inicio parecía reservado a élites muy concretas, se está abriendo a una generación más diversa que ve en los search funds una vía realista para emprender con apoyo financiero y respaldo institucional.
Ahora bien, ¿qué resultados están ofreciendo? La respuesta exige prudencia. La mayoría de adquisiciones internacionales se ha producido en los últimos tres años, un plazo todavía corto para evaluar retornos finales. Hasta la fecha, se registran 21 salidas (exits) internacionales: 15 con rendimientos positivos y seis con pérdidas. Es una muestra limitada, pero suficiente para confirmar que el modelo tiene capacidad de generar valor, aunque no está exento de riesgos.
Más revelador aún que las cifras son los sectores que concentran la actividad. Tecnología, salud, manufactura y transporte son las áreas preferidas, con el software como subsector dominante. Se trata de industrias con ingresos recurrentes, potencial de escalabilidad y margen de profesionalización, justo lo que busca un search fund. Sin embargo, esta concentración también plantea dudas: si todos los fondos se orientan a los mismos nichos, ¿será sostenible la rentabilidad en el largo plazo? Desde nuestra experiencia, este es uno de los principales retos estratégicos. La clave estará en la capacidad de los buscadores para identificar oportunidades en mercados menos saturados y compañías menos evidentes, pero con potencial de generar retornos igualmente atractivos.
En este contexto, la internacionalización de los search funds plantea un doble desafío. Por un lado, la oportunidad de expandir un modelo probado a nuevas geografías. Por otro, la necesidad de navegar las particularidades locales de cada jurisdicción. No se trata solo de cuestiones legales o fiscales -aunque estas son determinantes-, sino también de factores culturales. En muchos mercados, los empresarios familiares aún son reacios a abrir su capital o a ceder la gestión a un tercero. La clave del éxito radica en entender estas dinámicas y diseñar estructuras que respeten las sensibilidades locales sin perder de vista la lógica global del modelo.
Aquí es donde cobra especial relevancia el acompañamiento experto. No basta con importar el manual norteamericano y aplicarlo de manera automática. Cada operación exige un traje a medida, desde la definición de la estructura societaria más adecuada hasta la negociación de pactos con los vendedores o la identificación de riesgos regulatorios específicos. El papel de los asesores consiste precisamente en traducir un esquema global a realidades locales, garantizando que las operaciones se ejecuten con seguridad jurídica y con visión de sostenibilidad a largo plazo.
Lo que está en juego va más allá de la mera transacción financiera. Los search funds representan un modelo híbrido entre inversión y emprendimiento. Permiten a jóvenes con talento y ambición convertirse en gestores de empresas consolidadas, aportando profesionalización y visión estratégica. Si se gestionan con acierto, no solo generan retornos para los inversores, sino que contribuyen a reforzar el tejido empresarial local, impulsar la innovación y asegurar la continuidad de compañías familiares que de otro modo podrían enfrentarse a la falta de relevo generacional.
En definitiva, el fenómeno de los search funds nos muestra un modelo robusto, pero no automático. Funciona en distintos entornos, pero exige adaptación, creatividad y acompañamiento especializado. Las cifras crecen, los primeros exits confirman el atractivo de la fórmula y los polos de referencia se consolidan. Sin embargo, lo que determinará el éxito en los próximos años no serán las estadísticas, sino la capacidad de generar valor real en las empresas adquiridas. Porque, al final, el verdadero reto empieza después de la compra: en la gestión diaria, en la creación de empleo y en la construcción de proyectos empresariales sostenibles.
Publicado en: Voz Populi