El vencimiento de los créditos avalados por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) concedidos durante la pandemia abre un nuevo escenario para numerosas empresas españolas. Compañías que han recuperado su actividad y mantienen negocios viables pueden encontrarse ante estructuras de deuda difíciles de sostener cuando comiencen a concentrarse los vencimientos.
Borja Ruiz-Mateos Albarracín, responsable del área de Reestructuración e Insolvencia de López-Ibor DPM en Madrid, analiza esta cuestión en un reportaje publicado por ABC, en el que aborda el previsible aumento de las refinanciaciones y procesos de reestructuración vinculados a estos créditos.
Empresas viables con estructuras de deuda complejas
Uno de los principales retos será diferenciar entre aquellas compañías cuyo modelo de negocio presenta problemas estructurales y aquellas que, pese a mantener una actividad viable, soportan un nivel de endeudamiento que dificulta atender sus próximos vencimientos.
En estos últimos casos, la dificultad no reside necesariamente en la capacidad de la empresa para generar negocio, sino en el desajuste entre sus flujos de caja y las obligaciones financieras asumidas.
La anticipación resulta especialmente relevante. Detectar las tensiones antes de que se produzcan incumplimientos permite disponer de mayor margen para negociar con los acreedores y valorar soluciones que permitan adaptar la estructura financiera a la realidad de la compañía.
Los planes de reestructuración como herramienta
El actual marco concursal ofrece instrumentos que permiten actuar ante situaciones de dificultad financiera antes de que desemboquen en una insolvencia más compleja.
Los planes de reestructuración permiten modificar las condiciones o la estructura del pasivo y adoptar medidas dirigidas a preservar la continuidad de empresas viables. En el caso de los créditos ICO, estas herramientas pueden adquirir especial relevancia ante la concentración de vencimientos y la necesidad de encontrar soluciones sostenibles para las distintas partes implicadas.
La negociación temprana será, por tanto, un elemento fundamental. Cuanto mayor sea el margen temporal disponible, mayores serán también las posibilidades de alcanzar acuerdos y evitar que un problema inicialmente financiero termine afectando a la viabilidad del negocio.
Anticiparse para preservar la viabilidad
La reestructuración no debe entenderse únicamente como una respuesta ante una situación de insolvencia ya materializada. También constituye una herramienta preventiva para reorganizar obligaciones y proteger el valor de compañías que mantienen capacidad para continuar operando.
En este escenario, analizar con antelación los próximos vencimientos, la generación de caja y las necesidades financieras permitirá determinar qué medidas resultan más adecuadas en cada caso.
El reto estará en articular reestructuraciones ordenadas y sostenibles que permitan preservar empresas viables y evitar que las dificultades derivadas de su estructura de deuda terminen comprometiendo su continuidad.