La opinión pública mundial considera que las políticas del presidente Trump son erráticas, caprichosas y que ello ha creado grandes incertidumbres en la política y el comercio internacional. Sin embargo, contempladas más de cerca, estas políticas tienen un hilo conductor común, están diseñadas con un propósito racional. Su trasfondo es restaurar la hegemonía de los EEUU poniendo freno a su declive político y económico.
Empecemos por la subida de los aranceles. Más allá del «tira y afloja» propio de cualquier negociación diplomática o comercial, las concesiones y continuos cambios de posición de la administración Trump se han descrito como TACO («Trump always chickens out«), es decir, Trump siempre se acobarda, se echa atrás, no va hasta final. Pero los norteamericanos utilizan la subida de los aranceles como un instrumento para reducir su déficit comercial, proteger su industria frente a la competencia exterior y mantener su hegemonía económica. Y el tiempo transcurrido desde el pasado enero, ya refleja una subida generalizada de aranceles y múltiples acuerdos con un buen número de países, el último con Suiza y por lo tanto poco o ningún acobardamiento norteamericano sino más bien sumisión. En el pasado, los EEUU se reunían con Alemania, Japón, Francia y el Reino Unido pactaban los nuevos tipos de cambio de las monedas respectivas acordando que los países con balanza comercial deficitaria, los EEUU, Gran Bretaña y Francia depreciaron sus monedas, y los países con excedente de exportaciones, Alemania y Japón, hicieran lo contrario.
Estos pactos monetarios ya no son posibles hoy, ya que existen otros actores como China y otras naciones emergentes que no se prestan a ello. La única vía que le ha quedado a los EE. UU. de Trump es subir unilateralmente los aranceles, violando las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), con el fin de forzar una reducción del déficit de su balanza comercial. Es decir, cual arreglo comercial multilateral tardaría años de negociación para llegar a una conclusión más o menos satisfactoria. Trump no ha tenido más remedio que acudir a la vía unilateral usando toda clase de presiones y trucos y el éxito de sus políticas le llevará más tiempo del que él cree.
Y es que el comercio internacional no siempre es librecambio de mercancías y servicios conforme a la ventaja competitiva de cada nación, según la teoría de Adam Smith. El economista norteamericano de origen alemán, Albert Hirschmann (1915-2012), sostuvo que el comercio internacional tiene también el efecto de influir en los otros países con los que se comercia, creando relaciones de dependencia. Según este economista, el comercio internacional crea una dinámica de poder en la que las naciones más avanzadas explotan a las demás. A este respecto, puso el ejemplo de la Alemania nazi que, a través de los acuerdos de trueque y compensación propios de los años 30 del siglo pasado, influía y subordinaba a sus intereses a las pequeñas naciones centro europeas que la rodeaban. La administración Trump es, al fin y al cabo, el líder tecnológico mundial, y además la amenaza de una inflación de precios en los EEUU es menor que en otros países por su menor exposición al comercio internacional. Toda esta parafernalia de aranceles es muy posible que cree o intensifique que las relaciones de dependencia de algunos países iberoamericanos y europeos con Norteamérica.
En las criptomonedas también se ve esta creciente hegemonía norteamericana. Los Estados Unidos han aprobado una legislación mucha más flexible que la de la Unión Europea, el Reglamento MiCA. Esta legislación autoriza la emisión de criptomonedas estables («stable coins«) no sujetas a fluctuaciones en su valor porque está respaldadas por reservas en monedas fiduciarias, tales como dólares, euros, francos suizos.
En el caso de los EEUU, la autorización para la emisión de las «stable coins» se supedita a que la reserva esté constituida exclusivamente en dólares. Igual exigencia se impone a las empresas no norteamericanas que quieran emitir en los mercados en los EEUU, que son los más líquidos y profundos a nivel mundial. No hay que ser un lince para concluir que esta nueva legislación, la denominada Genius Act, fomentará movimientos de capital muy fuertes hacia los Estados Unidos, lo que determinará una gran demanda de bonos del tesoro de aquel país. Dicho más claramente, los bonos que no compren China o Japón se colocarán fácilmente para respaldar emisiones en criptomonedas estables y el dólar continuará siendo la moneda predominante en el sistema monetario internacional. En esta legislación también se permite que las reservas en dólares pueden mezclarse con los demás activos del emisor sin que exista una obligación de mantenerlos en cuentas separadas, como sucede en Europa. El riesgo de insolvencia por pérdida de la inversión será, pues, mayor en los Estados Unidos. Según parece, los expertos del Banco Central Europeo están ya preocupados por una posible fuga de capital europeo hacia Estados Unidos.
Como sucede en las épocas de cambios, habrá ganadores y perdedores. Y así parece que a los EEUU puede irle mejor que a la Unión Europea y dentro de la economía norteamericana, continuarán prosperando las empresas tecnológicas y financieras y aparecen otros beneficiados como toda suerte de consultores y abogados ante la necesidad de explicar y asesorar en tanta nueva legislación.